¿En línea recta o en línea curva?

Lo cual, aplicado a las traducciones, significa ¿traducciones directas (desde el original) o indirectas (desde una tercera lengua)? En el caso del japonés al español, hasta no hace mucho la norma, instaurada con la publicación de la novela Nami-ko en 1905, era que al lector solo le llegaran traducciones indirectas desde el francés o desde el inglés (con las honrosas excepciones de Kazuya Sakai publicando en Argentina al final de los años 50 y de González Vallés publicando en Japón en los años 60). La razón de las editoriales era que entonces no había traductores disponibles. Hoy, sin embargo, adentrados que estamos en el siglo XXI, ya no es razón. Y, sin embargo, hay editoriales que siguen apostando por versiones indirectas. Casi todo lo publicado por Yasunari Kawabata, por ejemplo, está publicado desde el inglés. Y tal vez la mejor obra de Yukio Mishima, El pabellón de oro, fue publicada desde el francés en 1963, en excelente prosa, pues su traductor era Juan Marsé, entonces desconocido, pero plagada de inexactitudes y con bastantes omisiones. Aunque sí que los editores tienen una razón, inconfesable porque los avergüenza, y es que les cuesta un poco más de dinero contratar a un traductor que trabaje directamente desde el japonés que no uno que lo haga desde el inglés. Es hora de que el lector hispanohablante exija al librero y al editor libros japoneses vertidos desde el japonés. Porque ya no estamos en 1905. La cuestión no es cuál es mejor, si una traducción directa o una indirecta, pues hay deleznables traducciones directas y espléndidas traducciones indirectas, sino cuál es el camino más corto. Una cuestión de sentido común ya que entre el japonés y el español hay un filtro o un cristal, pero entre la lengua japonesa mediatizada por un tercer idioma y la lengua española, hay dos cristales en cuyas superficies se queda pegada y perdida mucha información, sobre todo de orden cultural. Sí, cuestión de sentido común, pero en la que hay, agazapada, una cuestión de ética profesional. Hablando de ética, es sorprendente que sean las editoriales pequeñas las que, al menos en este aspecto, se hayan distinguido por adoptar una postura gallardamente ética: Hiperión, Impedimenta, Satori. Y, hablando de Satori Ediciones, que hace poco marcó un hito con la publicación de Sakura. Diccionario de cultura japonesa, precisamente este jueves en Casa Asia, se festejan sus diez años de existencia, con un haber de más de ochenta títulos. Un trabajo ejemplar por su ética, por la seriedad de su labor, por la bella factura de sus publicaciones. A esta editorial… ¡Feliz aniversario! ¡Y gracias de corazón de parte de cuantos amamos la cultura japonesa!

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