Biografía

Carlos Rubio (Toledo, 1951) se considera, más que ninguna otra cosa, un viajero. Y también, como él mismo dice, «un mal poeta».

Su oficio como divulgador de la literatura japonesa en lengua española quizá no sea más que el fruto maduro de su vocación como caminante por el ancho mundo. Un periplo que consta de dos grandes etapas: una, recorrida en extensión a lo largo de 20 años; y otra, en profundidad, aún en ejercicio.

Como el año, la primera de ellas conoció cuatro estaciones.

La primavera, entre 1972 y 1975, la pasó en México con la excusa de posponer el servicio militar.

El verano de su gran etapa viajera discurrió entre 1976 y 1979 en Berkeley (California). En este caso, el pretexto fue académico: un doctorado (Ph.D.) en Lingüística aplicada a literaturas hispánicas por la Universidad de California. Fue en esos años cuando se inició en la lectura de Kawabata, de Mishima y de tantos otros autores japoneses, entonces de moda en Estados Unidos. ¿Quién le iba a decir a él, un veinteañero, que acabaría dedicándose profesionalmente a abrir ventanas al jardín umbroso de la literatura japonesa?

Pero entonces sus intereses eran otros. Por eso, el otoño ficticio de ese gran viaje —otros tres años, del 1979 al 1982—, lo pasó en Bagdad (Irak) como profesor de español en la Universidad Al Mustansiriya. Zarandeado por el vaivén de las emociones que asaltan al viajero, aquel trienio le permitió conocer el Medio Oriente, vivir la guerra entre Irak e Irán y practicar la lengua árabe estudiada en Estados Unidos.

Iraq 2
Con un amigo campesino de Faluja, en las márgenes del Tigris, 1981

El invierno, precedido por un “veranillo de San Martín” en Seúl como profesor de la Universidad Hankuk durante un año (1985), transcurrió en Japón entre 1986 y 1991. Ahora, el pretexto era laboral: profesor visitante en la Universidad de Tokio. Seducido por la realidad cultural japonesa, fue en el curso de esta larga estancia donde maduró el proyecto de convertirse en conocedor de la cultura japonesa. La vivió en Zushi (Kanagawa), al lado de la histórica ciudad de Kamakura. Estudiar la lengua japonesa, practicar algunas tradiciones (el tiro con arco japonés y la alfarería), tomar esposa nipona, vivir en el seno de una familia del país palpando a diario las diferencias de valores y costumbres lo enriquecieron y lo dotaron de armas necesarias para hacer realidad su proyecto. Al mismo tiempo, en aquellos años ochenta, empezó a colaborar en obras didácticas y lexicográficas de español para japoneses, textos que todavía se editan.

Antes de poner fin a su etapa japonesa, incluso con anterioridad a 1972, hubo otros viajes, pero de estancias breves (Dublín, Múnich), dedicados a aprender idiomas. Y, claro, otra estancia en Madrid en cuya Universidad Complutense había obtenido la Licenciatura en Filología Hispánica en 1976.

En todos los viajes realizados durante casi 20 años, especialmente los de larga duración, de esos que permiten un mayor conocimiento del lugar y sus gentes, Carlos Rubio, como dice Catón, «respetó a los dioses y amó a las personas». De su matrimonio japonés tuvo tres hijas (dos nacidas en Japón y una tercera en España). Hoy, sin embargo, está casado con Ana, una aragonesa correctora de estilo profesional y con quien comparte la pasión por la literatura.

La etapa del viaje en extensión acabó en 1991, fecha en que regresó a España afincándose en el campo, en la sierra de Gredos, donde ha vivido desde entonces ocupado en quehaceres como atender su huerto, hacer el vino de su viñedo y traducir del japonés. Pero en 1992, con una familia que mantener, pane lucrando encontró empleo en la Universidad de Castilla-La Mancha. En la sede toledana de esta institución fue director de los cursos de español para extranjeros (entre 1995 y 2005), creador de programas novedosos, como uno de lengua de signos para sordomudos norteamericanos, celebrado varios años seguidos, y otro titulado «Fresas y Espadas» para profesores suecos de español. Fundó, además, FIAPE, un colectivo de asociaciones de profesores de español, con más de 40.000 asociados. Fruto de aquella experiencia como gestor, que completó con la dirección de los cursos de español para extranjeros de la UIMP en 2006-2007, son los seminarios que todavía imparte hoy sobre marketing lingüístico.

 Al mismo tiempo, empezó a dar diversos frutos la semilla plantada en Japón: tres coediciones de diccionarios japonés-español y español-japonés (1992, 2004 y 2006), la traducción de la novela Kokoro (2003), la publicación del manual Claves y textos de la literatura japonesa (2007), su labor como docente de lengua y literatura japonesas entre el año 2000 y 2012 en el CES Felipe II de Aranjuez (UCM) y cursos sobre cultura y literatura japonesas en Casa Asia de Madrid desde 2009 y en Fundación Japón desde 2014.

Carlos Rubio
En el Mediterráneo

El viaje en profundidad aún continúa, ahora con dedicación plena, divulgando desde distintas perspectivas la literatura japonesa: más de treinta obras entre traducciones individuales, en colaboración o de autoría, además de cursos, talleres, seminarios y conferencias. Esta actividad desbordante de casi treinta años como persona puente entre Japón y España se vio reconocida desde la orilla japonesa: Medalla del Mérito Cultural del Ministro de Asuntos Exteriores de Japón (diciembre 2011) y Orden del Sol Naciente de la Casa Imperial Japonesa (marzo 2014).

Entretanto se mantiene ocupado con el huerto, con la viña y con algún que otro haiku.

Extraviado en  
un viaje que no acaba.
Tras mariposas.
 
Carlos Rubio López de la Llave

Toledo, 2017

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