Risa de dioses

Sentio, ergo sum es una traducción para los japoneses menos inadecuada del famoso axioma cartesiano cogito ergo sum que la de “pienso, luego existo”. Hasta podría ser la frase que hubiera pronunciado un japonés en el caso improbable de que se le ocurriera buscar una prueba de su existencia.

Es menos inadecuada por dos razones. En japonés el verbo “pensar” se traduce como omou y se representa con el sinograma de 思, uno de cuyos radicales, el de abajo, designa el corazón, es decir, 心

Ahora bien, “corazón” en japonés, que se dice kokoro, no solo representa la capacidad de ser afectado emocionalmente, sino también el elemento cognitivo informante. Es la segunda razón. ¿Piensan entonces los japoneses con el corazón o desde el corazón? ¿Y de qué corazón hablamos? (El pensador Pascal se hizo un poco japonés cuando dijo aquello de que “el corazón tiene sus razones que la razón no conoce”.)

Esta inadecuación traductológica que acabo de comentar ilustra la colosal dificultad de verter un lenguaje filosófico de japonés a las lenguas occidentales. Por eso, ha sido una empresa maravillosa la aparición del libro La filosofía japonesa en sus textos (¡1300 páginas!) que, junto al ingeniero de la idea, el profesor James Heisig, y la profesora Kayoko Takagi, que también colaboró como traductora, tuve el honor de presentar en Casa Asia-Madrid el pasado 30 de noviembre.

Durante mi breve intervención de ese día, en calidad de coordinador de la sección de Estética de dicho libro, se me ocurrió una metáfora que, me parece, ilustra bien el papel de la estética en la llamada “filosofía japonés”: es la luz solar en un día nublado. No se ve su fuente (el sol), ni se especula sobre ella (sobre la estética) con conceptualizaciones epistemológicas, en el largo día de la historia del pensamiento japonés, pero las cosas se perciben gracias a su luz. Y se ven con tal riqueza de matices, tonos y claroscuros, que hace innecesario decir frases como “siento, luego existo”. Porque la existencia humana, nos enseña el sintoísmo, es o era solo una parte de las cosas para la sensibilidad japonesa. La otra parte, es la voz del poeta, de la rana o del viento.

Este kokoro / ¿es corazón o es mente? / Risa de dioses.

la-filosofc3ada-japonesa-en-sus-textos

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